¿Por qué las gaseosas dulces son nocivas para la salud?

Muchas personas están tan acostumbradas a tomar bebidas dulces que la sola idea de quitarle el azúcar a sus gaseosas les resulta inaceptable, pero lo cierto es que eliminar de la dieta diaria estos refrescos dulces tiene un enorme impacto en nuestra salud. Leé en esta nota las buenas razones que te damos para dejar de tomarlas y algunos consejos para lograrlo.

El apego a las gaseosas no es sólo cosa de chicos: adultos de todas las edades también están muy acostumbrados a consumirlas sin ningún tipo de mesura. Los refrescos de este tipo no generan adicción exactamente, pero sí se convierten en un hábito muy difícil de dejar.

Los sabores dulces generan un proceso en el cual el cerebro desprende ciertos químicos llamados opioides, que producen más ganas de seguir consumiendo dulces. Si bien algunos estudios han comprobado que la cafeína contenida en las gaseosas puede causar una mínima adicción, el secreto está nada más y nada menos que en ir dejándolas de a poco.

¿Por qué dejar de consumirlas?

Las bebidas azucaradas además de aportar calorías al cuerpo y no brindar ningún nutriente, llevan al sobrepeso y aumentan el riesgo de desarrollar diabetes de tipo 2. El exceso de azúcar produce efectos negativos sobre las hormonas, algo que ocurre aún con las que se denominan “light” o “diet”, que utilizan edulcorantes artificiales. Estas últimas han sido relacionadas a un aumento del apetito y una dificultad para perder o mantener el peso deseado.

Por otra parte, las gaseosas dañan los dientes debido al ácido carbónico que contienen (incluso las dietéticas), pudiendo dañar el esmalte dental y causar caries.

Según algunas investigaciones, existe un vínculo estrecho entre el consumo de bebidas dulces y enfermedades crónicas de los riñones, el desarrollo del síndrome metabólico, ataques cardíacos, hígado graso y enfermedades crónicas del hígado.

Por todas estas razones, es necesario volver al agua, que no aporta calorías y además es la mejor fuente de hidratación. Para que este cambio de hábito se haga gradualmente, se pueden ir reemplazando las gaseosas por otras bebidas más nutritivas. Por ejemplo:

– Jugos frutales, en lo posible que sean exprimidos. Si son productos comprados, hay que controlar que no tengan mucho azúcar porque además de vitaminas y minerales también pueden proporcionar calorías.

– Té negro, verde o de hierbas. Todos han demostrado tener niveles altos de antioxidantes para brindar protección al cuerpo. Si lo que se está buscando también es eliminar la cafeína de la dieta diaria, los té deben ser descafeinados.

– Café simple sin leche ni crema. Puede ser una opción ideal para aquellos que aman el café pero quieren cuidarse. Dentro de esta opción también pueden elegirse productos sin cafeína.

– Leche descremada o de soja. Pueden aportar una buena fuente de calcio, aunque siempre es importante tener cuidado con la cantidad de calorías que se absorban.

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