Uno de cada cuatro niños le tiene miedo a algunos de sus compañeros

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La violencia verbal y física de los chicos tiene consecuencias tanto para quienes la padecen como para quienes las desencadenan. Los adultos tenemos la obligación de intervenir ante situaciones de bullying.

Las recientes investigaciones acerca de la violencia en las escuelas han demostrado que uno de cada cuatro alumnos le tiene miedo a alguno de sus compañeros. Dentro de los tipos de agresiones, el rechazo y la marginación constituye una fuente importante de malestar dentro de los alumnos ya que un 35% se sienten ocasionalmente excluidos.

El bullying o acoso escolar hace referencia a cualquier forma de maltrato físico, verbal o psicológico donde un niño es hostigado por sus iguales y esta situación se reitera en un período de tiempo determinado. El acoso es llevado a cabo por sus iguales pero se ejerce a partir de la diferencias, poniendo de relieve la vulnerabilidad del acosado. El hostigador utiliza la vulnerabilidad de la víctima para burlarse, caricaturizarlo o conseguir que el acosado quede en ridículo. El acosador deja en evidencia su provocación, intentado hacer caer al otro en el error, lo que se convierte en un círculo vicioso para más descalificación y desacreditación.

Esto despierta una gran desesperanza en la víctima ya que comienza a percibir que sus esfuerzos de manejar la situación provocan más críticas y esto a su vez deteriora su autoimagen reflejándose en una autoestima cada vez más baja.

Catalina es una paciente de 25 años que perteneció al grupo de las chicas de su colegio donde para ingresar y poder seguir perteneciendo, había que realizar ciertos rituales que incluían el hostigamiento a compañeras “diferentes”. Ya sea por el peso, por ser tímida o buena alumna, estas chicas eran blanco de chistes, cargadas y vacío social. En algún momento Catalina se conmovió por una compañera acosada y no quiso seguir al grupo en su accionar. Esto le costó el rechazo y desprecio de sus amigas. A partir de esto comenzó a presentar conductas de evitación que la terminaron condicionando en relación a la imagen de sí misma y su autoconcepto. Unos años más tarde consulta por la dificultad que cada vez se hizo más marcada en torno a como manejarse en situaciones sociales.

Los grupos tienden a igualar a quienes los integran y tienden a tolerar mal y poco las diferencias. Los chicos pueden ser discriminados por una infinidad de motivos y los beneficios inmediatos podrían ubicarse en relación al poder exacerbado que acosador obtiene frente a los demás (que encubre su propia debilidad) y la cohesión o consolidación del grupo. En cuanto al acosado, el bloqueo social podría situarse entre las situaciones más temidas. No pertenecer, no ser invitado, el aislamiento y la estigmatización son solo algunas de las consecuencias que este mecanismo de “chivo expiatorio” desencadenan en el niño que es sometido al quiebre de la red social.

Las conductas de coacción son todas aquellas que el hostigado debe realizar para no ser agredido y para ser puesto en ridículo delante de los demás. Los que acosan son vistos como poderosos y los demás integrantes del grupo muchas veces intimidan al niño más vulnerable con tal de no ser blanco del hostigamiento físico intimidatorio.

Las filmaciones en los celulares, las redes sociales, la tecnología en sí misma son excelentes instrumentos para educarse, informarse, investigar, comparar, entrenar el cerebro, la memoria, la rapidez mental y, en general, las capacidades mentales. Ahora, lo importante es poder discriminar cuando se usa como un elemento más para intimidar y amenazar la integridad física y psicológica de otras personas.

Hoy en día sabemos que este tipo de violencia tiene consecuencias tanto para quienes la padecen como para quienes las desencadenan.

La familia se considera el primer marco adecuado desde el cual intervenir. Las burlas y las críticas entre los miembros de la misma presentan un modelo que los chicos llevan después a otros ámbitos y desencadenando mucho malestar en otras personas. Hay investigaciones que demuestran que estas críticas constantes en el seno familiar deterioran la salud mental de los integrantes de la familia. Es en este ámbito donde se consolidan las primeras creencias, actitudes y hábitos y donde se comienza a desarrollar el autoconcepto de cada uno de los individuos, elemento clave en la aparición de la psicopatología.

La coordinación y conexión con el ámbito educacional parece ser importante para la labor preventiva necesaria para paliar situaciones de acoso.

Muchos colegios trabajan en la prevención a partir de charlas y talleres brindando información, la modificación de conductas precursoras del maltrato y la identificación de grupos de riesgo.

Es muy importante fomentar la comunicación entre padres y educadores para prevenir o modificar situaciones que pueden lesionar física y psicológicamente a niños y adolescentes. Normalizar la violencia a través de la complicidad en situaciones de maltrato es algo que debe convocar a todos y la aceptación de las diferencias de una manera civilizada es algo que también se enseña con el ejemplo.

Lic. Marian Durao. Licenciada en Psicología. Especialista en Psicoterapia Cognitiva-Conductual y Sistémica. Parte del equipo Psiconutricional de Grupo Arcis www.grupoarcis.com.ar

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