Literatura infantil no sexista: “Mi mamá me ama, me mima y es albañil”

La escena podría ser esta: pasa un flaco caminando. Lentes oscuros, pelo engominado, pantalón chupín, náuticos azules. ¡Qué bulto, papito!, se escucha entre carcajadas. El piropo viene de la obra en construcción de mitad de cuadra. Las albañiles (si, “las”) no lo pudieron evitar, semejante bombón. ¡Corten!

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A sacudir el espanto que no se trata de la revancha de las mujeres cosificadas. Este lapsus es apenas una proyección sobre la idea de una, miles de mujeres sosteniendo fratachos. O la igualdad de género llevada a su más triste y radicalizada expresión. Idea inspirada en un cuento de chicos, encontrado por casualidad en una biblioteca popular mientras buscábamos material sobre la liberación femenina. Ahí estaba “Mi mamá es albañil”, asomado tímidamente desde un estante.

Literatura infantil no sexista: cuentos sin héroes ni princesas. Y en lugar de hadas madrinas, mamás superpoderosas, con oficios sorprendentes y grandes aventuras para contar. Cirujanas, taxistas, referís, electricistas. Y también albañiles, claro. Decididas a romper el estereotipo que las mantuvo tanto tiempo sumisas y olvidadas en la cocina, condimentando las perdices, para comer al final de la historia.

“Empezamos a pensar en generar material infantil porque veíamos que todo lo que había para chicos era igual. Y dijimos: es ahí donde falta hacer algo; vamos a proponer una literatura diferente. Si me preguntás, claro que es intencionada porque va directo a desarmar determinados modelos de referencia, a quitar la mirada juiciosa que suelen inculcar los adultos. No es fácil encontrar una escritora que se preste a hacerlo, y que no se note tanto el discurso. Porque a la vez tiene que ser un espacio donde se viva una aventura. Yo creo que lo que nos ayuda a nosotras es que hace veinte años venimos escuchando la problemática de género”.

Lo dice María Victoria Pereyra Rozas, en adelante Vicky. 34 años, feminista desde la cuna, cofundadora de la Librería de Mujeres y mentora de este proyecto. “Lo que nos propusimos no es una bajada de línea, porque además con los chicos es imposible. Primero pensamos una temática, en seguida surgió mujer y trabajo. Y la idea fue hacer cuentos donde no específicamente se hablara de la mamá que tenía un trabajo especial, sino contar una historia entretenida en la que apareciera esa mamá con un oficio diferente”.

Fragmento de la mamá Referí (Diego Peluffo): “¡Penal! Riquelme cae en el área derribado por Tuzzio y el árbitro marca la falta. La hinchada de Boca festeja como loca, mientras los de River se lamentan, juran que no fue nada y le dicen de todo al ´hombre de negro´. Mejor dicho a la ´mujer de negro´, que no es otra que Verónica Iturralde, la primera de su género en dirigir el superclásico del fútbol argentino”.

La literatura infantil estuvo desde siempre -y todavía sigue- plagada de historias sexistas. Ahí donde empieza a configurarse el ideal de belleza femenino, aparecen princesas deslumbrantes por su hermosura –nunca por su inteligencia-, tan frágiles y modositas que enamoran. Siempre rescatadas por un hombre, si es de sangre azul mucho mejor. Cuánto le debemos a Charles Perrault (1628-1703) por haber perpetrado cuentos como Cenicienta o La Bella Durmiente, hasta entonces fábulas de transmisión oral. O la propia Caperucita Roja donde la mujer directamente aparece devorada por el macho salvaje que encarna el lobo. ¿Qué tal un poco de revisionismo y ya que estamos un escrache al tal Perrault?

-¿La igualdad de género es una batalla que debe librarse en el jardín de infantes?

Yo creo que sí. No sé si planteado exactamente como una lucha, pero sí desde la infancia tienen que romperse los estereotipos sí o sí. Si no, va a ser cada vez más difícil. Porque es durante la niñez cuando se instalan esas ideas, a través de los libros, los juguetes y las canciones. El chico que hoy lea un cuento donde hay dos papás ya no va a extrañarse cuando vea una pareja homosexual con un hijo. Me parece que hay que empezar a meterlo por ahí, porque además es el momento de mayor absorción. Eso sí, hay que colarle cosas divertidas, que puedan disfrutar también, más allá de la información que traigan las historias.

-¿La colección de cuentos que armaste está pensada para la escuela?

Sí, porque hoy la escuela es el espacio donde los chicos leen más. Por fuera del colegio lamentablemente gana la playstation. Además es el lugar justo para que se abra el debate. ¿Sabés la cantidad de docentes que nos contactan? Nos dicen que les hace falta material que les permita incorporar estos temas a la clase. Por ejemplo, el cuento de la mamá referí lo llevamos a las aulas y generó un montón de discusión entre los chicos: que no me gusta, que las nenas no juegan a la pelota, que yo quiero que sea un varón… Fue muy interesante. También nos llamaron de la CONABIP (la comisión nacional de bibliotecas populares) para comprar una serie del cuento ‘Mi mamá conduce el subte’ y distribuirlo entre los alumnos.

Fragmento de la mamá Electricista (Vicky Pereyra Rozas): “Mi mamá es la mejor electricista del mundo. Todos los días recoge su caja de herramientas y, vestida con un traje azul oscuro, ancho y cómodo, parte hacia el edificio donde se encarga del mantenimiento de las instalaciones eléctricas”.

La colección “Yo soy Igual” fue lanzada en 2009 y ya va por su tercera edición. Le siguió una serie de relatos sobre sexualidad -que incluye la temática del abuso- y otra que aborda las nuevas familias. Lo próximo será una edición, también para chicos, sobre discriminación. Sin querer aguar los ánimos, con el idealismo todavía intacto y verdaderas ganas de que el plan funcione, nos preguntamos cómo hará esta gente para garantizar que el “negocio” de la literatura infantil comprometida rinda algún margen de ganancia. ¿Esto es altruismo o qué?  “Para nosotros desde el principio fue una apuesta. Un proyecto irreverente que no estuvo pensado de manera comercial. Los libros se editaron de manera privada, con dinero de la librería. Y lo íbamos a hacer de todas maneras, fuera o no un producto que rindiera económicamente. Por suerte funcionó, pero la plata no iba a cambiar nuestros planes”.

Por Valeria Sampedro, periodista, vrsampedro@gmail.com.

Fuente: http://www.entremujeres.com

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