Daily hassless: liberate de tus fastidios cotidianos y recreá tus emociones

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Aunque creés que tus broncas y enojos se van con las situaciones que lo despertaron, se instalan en tus pensamientos y cambian tu humor. Estrategias para reconocerlos y comenzar a vivir las pequeñas satisfacciones de la vida.

Adriana Waisman

Hacés mil cosas a la vez para no llegar tarde, pero igual no llegás. Él deja todo tirado a pesar de las cien veces que le pediste que no lo haga. Tus hijos se acuerdan a las 10 de la noche de la lista de materiales que tienen que llevar a la mañana siguiente al cole. La fila del súper que avanza es justo la de al lado. La lista de “daily hassless”, o pequeños fastidios cotidianos, es única, es personal. La letra de esa lista tiene que ver con un modelo mental. Es desde ahí donde armamos un “cuadro imaginario” con diferentes enojos, broncas. Aunque creés que se van con las situaciones que lo despertaron, estos enojos se instalan en tus pensamientos y emociones, y cambian tu humor. Se quedan muchas veces bajo el “no sé qué me pasa” y quedás atrapada en un estado de malestar crónico.

La neuropsicología es la ciencia que estudia la relación entre el cerebro y las conductas, e investigó que el cuerpo calloso (el área del cerebro que une los dos hemisferios) en la mujer cuenta con más fibras y conexiones. Los hombres tienen mayor actividad cerebral en las regiones basales del cerebro y las mujeres, en el tálamo-cingular. Esto genera diferencias en la manera de manejar las emociones los dos sexos. Por ejemplo: las mujeres tienen más sentimientos de empatía, comprensión, ansiedad, tristeza, culpa y vergüenza que los hombres. Nosotras podemos expresar en detalles lo que sentimos; en cambio, ellos -en general- tapan sus emociones.

Nosotras solemos apoyarnos en lo social (compartimos lo que nos pasa con amigas), pero también nos enroscamos en los pensamientos donde están todos los ingredientes (culpa, miedo, bronca) y nos alejamos años luz de la resolución del conflicto. Vivimos las emociones con intensidad, mientras ellos tratan de resolver en forma activa, o utilizan mecanismos de distracción o evitación del problema.

En cuanto al enojo, en general, lo vivimos con mayor intensidad y por un tiempo prologando. Todos tenemos una “caja de herramientas emocionales” para enfrentar los “pequeños fastidios cotidianos” que pueden llegar a ser una fuente inagotable de estrés. Hay quienes los enfrentan en forma impulsiva: accionan sin estrategia, a pura “emoción”. Otros, evitan tomar conciencia de las situaciones y razonar lo que les pasa sintiendo que así tienen todo bajo control.

 

Tácticas y estrategias

Algunas estrategias que te pueden ayudar a reconocer los “fastidios cotidianos”, que te alejan de las “pequeños grandes satisfacciones cotidianas”:

* Desconectá el automático de los pensamientos. Dejá de pensar en forma categórica en término de “todo o nada” (por ejemplo, “todo me salio bien porque fue tal cual lo planeado” o “fue un desastre, fracasé”). Flexibilizá tus pensamientos para ganar en tolerancia, lo que te permitirá adaptarte a las diferentes situaciones que te presenta la vida.

* Despegate de la rutina. No es fácil: por un lado, te cansa pero, por otro, sentís que te organiza el día y eso te da seguridad. Sin embargo, no te permite conectarte con tus recursos, con lo que podés. Intentá hacer actividades que nunca hiciste o que te gustan y que por diferentes motivos hace mucho que no las hacés. Esto te ayudará a conectarte con la parte derecha del hemisferio cerebral, con tu parte creativa.

* Aprendé a disfrutar de los desafíos. Que la vida sea un juego de encuentros y desencuentros, de alegría y de dolor, de risas y llantos. Lo que está fuera de tu control no podrás evitarlo, pero podés elegir disfrutar de lo posible, de seguir tus sueños. Por eso es importante que cada contratiempo, cada fastidio cotidiano sea como un desafío a resolver. Tu objetivo: que no te afecte tu calidad de vida.

* Neutralizador emocional. Observá las cosas que sentís que te fastidian. Buscá alguna situación que te proporcione placer, en el mismo grado de intensidad que la situación conflictiva. Esto te ayudará a eliminar o neutralizar las emociones negativas.

* Sé práctica. Frente a una dificultad, pensá en una estrategia de resolución del conflicto. Esto te ayudará a no quedar pegada a un monólogo interno que te lleva a la duda eterna en busca de la solución “perfecta”.

 

Repensá tus emociones

Es cierto: vivimos en una sociedad donde parece que lo único estable es el cambio, donde prima la incertidumbre. Muchas dudas, pocas certezas. Esto genera un alto grado de vulnerabilidad emocional. Vivimos casi todo el día desde las hormonas del estrés, la adrenalina, el cortisol. Nos enfrentamos a estresores permanentemente: cuando el colectivo que esperás sigue de largo y llegás tarde, cuando la llamada que ansiás no llega, el proyecto por el cual tanto trabajaste se pincha o cuando la luz se corta… Y vivís en el décimo piso. Lo naturalizás tanto que cuando vivís un día más tranquilo, tus hormonas del estrés “bajan”, lo que te despierta un mix de emociones negativas, hasta podés llegar a pensar que ese día no fue completo.

Tanto se habla del estrés que, inconscientemente, creés que sino está ese condimento en tu vida estás perdida. Posiblemente, como una defensa del miedo de lo que no te animás a hacer, a decir de tus inseguridades frente a una situación cotidiana. Los pensamientos disfuncionales pueden despertar esos “daily hassless” y forman otra realidad, la “emocional”, con emociones negativas. Tiempo atrás, una paciente describió el enfrentamiento de los “fastidios cotidianos” como “pastillitas que tomamos durante el día, sin darnos cuenta y se nos quedan atragantadas, hasta que en un momento del día sentimos angustia y llegamos a reflexionar en auto diálogo: ‘¿qué me pasa? ¿todo está bien?’”

¿Resignarse? ¡No! Aceptá y date la posibilidad de conectarte con esa realidad. Negociá e intentá modificar algunas cosas para elegir libremente. Al naturalizar los fastidios cotidianos los hacemos invisibles a los ojos, pero no al corazón. Pueden ser una oportunidad para cambiar si lográs detectar tus reacciones frente a situaciones naturalmente estresantes. ¿Es una reacción desmedida? ¿Cómo es tu ritmo cardíaco? ¿Cómo está tu respiración? ¿Tu tensión muscular? Permitite parar, mirá con qué cartas contás: recordá que el hecho de tener las mejores no te asegurará el “éxito”. El secreto está en cómo te animás a jugarlas. Como dice Spencer Johnson, “Si eres tú el que provoca el cambio, ya no te asustará”.

Lic. Adriana Waisman, psicóloga especialista en conductas adictivas y trastornos de ansiedad.

Fuente: EM

 

Adriana dictará un taller sobre el manejo de nuestros pensamientos y emociones, “El arte de poder relacionarnos con los demás”. Entre sus objetivos se encuentran: Aprender técnicas de autocontrol de emociones y pensamientos negativos, de reducción del stress y manejo de la ansiedad, de aprendizaje de resolución de conflictos cotidianos y cambios, de escucha activa y nuevas herramientas de comunicación. Desarrollar habilidades sociales para aprender a decir lo que sentís, asertividad, negociación. La metodología se basa en técnicas psicoterapéuticas-cognitivas-conductual, psicoeducación, programación neurolingüística, técnicas de bioenergética en un grupo abierto de un encuentro semanal de horas y media. Por consultas o inscripciones, podés escribir a adrianawaisman@yahoo.com.ar o llamar al 15-5165-0580.

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