En busca de la felicidad – Por César Lozano

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Fuente: www.cesarlozano.com

Por Dr. César Lozano

Yo no sé a cuántas personas he escuchado decir que la felicidad es una meta a la cual todos debemos y queremos llegar.
 
Hace unos días escuché a una persona que insistía que la felicidad es un gran tesoro que muy pocas personas llegan a poseer, porque –según dijo- es algo tan difícil de obtener por las múltiples adversidades y dificultades  a los que todos nos enfrentamos, por los problemas que conforme pasan los años vamos adquiriendo. 

Esto me  hizo recordar la cantidad de anécdotas que todos conocemos relacionadas con personas que dicen que con dinero o con fama se obtiene la felicidad  y, después de luchar por mucho tiempo en tenerlos, terminan sus días anhelando esa felicidad que a pesar de  todo, nunca llegó. 

Obtener la felicidad es un tema polémico, porque para alguien puede ser el ver a su familia con bienestar y equilibrio, para otra persona podría representar el tener una suma considerable de dinero en el banco o en inversiones, para otra el viajar, el recuperar la salud, o el tener a su lado a cierta persona amada y así, sucesivamente.  Pero lo que es indudable es que muchas de estas cosas pueden ocurrir en su momento y encontrar esa felicidad en forma temporal y al paso de tiempo volver a anhelar otra cosa que represente la felicidad. 

Hay dos clases de felicidad:   Una, es aquélla que nos viene cuando nuestras circunstancias son agradables y favorables, cuando las cosas están marchando bien y existe cierta armonía en nuestro entrono y estamos relativamente libres de dificultades. Lo malo es que esta clase de felicidad es superficial y transitoria. Cuando las circunstancias cambian, como inevitablemente sucede, esta felicidad se evapora y volvemos a un estado de insatisfacción que puede durar hasta que la armonía regrese en nuestras vidas. Quienes aspiran continuamente a esta felicidad  pueden decir que lo son, pero dentro de ellos mismos existe esa certeza de que es temporal y que con la presencia de cualquier adversidad se puede ir. Es la que los medios de comunicación nos venden continuamente al decirnos que con tal producto la felicidad estará de nuestro lado. 

Por supuesto que las expectativas tienen mucho que ver, y es una de las lecciones más difíciles de aprender, porque mientras pongamos nuestra felicidad en lo que las cosas prometen o en las manos de otros seres humanos, seremos irremediablemente víctimas de la frustración.  Esto es precisamente lo que sucede cuando creemos que la felicidad es consecuencia de tener a nuestro lado a determinada persona.  La tenemos y vienen posteriormente los problemas normales que toda relación conlleva y la tristeza se hace presente, creyendo que la felicidad y el amor se han ido. 

Y el segundo tipo de felicidad es aquélla que nosotros decidimos tener a pesar de las adversidades. Es ésa que todos tenemos derecho a vivir y que en este momento tu la puedes sentir, si así lo “decides”. Es ese placer que se encuentra en el servicio por los demás,  es cuando sientes que pones el mejor esfuerzo en lo que haces a pesar de las adversidades,  es esa felicidad que ese encuentra en los detalles y momentos que todos vivimos,  pero que lamentablemente no todos percibimos; que sobrevive a toda circunstancia y que permanece.  Es ese gozo que percibimos en las personas que a pesar de tener una vida llena de tribulaciones de todo tipo, físicos, económicos o con sus relaciones con los demás, aún así sonríen y dicen que la vida es maravillosa.  Sé que muchos hasta criticamos esto y creemos que fingen ante una realidad, pero sin embargo existe. 

Quiero enfatizar que este tipo de felicidad, se decide. Se toma la decisión de vivirla a pesar de las circunstancias. 

John Powell destaca que la felicidad es una tarea interior y que está al alcance de todos y dice que el problema más grande consiste en estar buscándola continuamente afuera. Dentro de los puntos que trata, menciono tres:   La importancia de querernos y aceptarnos como somos, no como los demás quieren que seamos, claro sin caer en la tentación de ser tan auténticos que hagamos daño a quienes nos rodean;  hacer de nuestras vidas un auténtico acto de amor, poner y transmitir amor en lo que hacemos y la felicidad tocará continuamente a nuestra puerta, en otras palabras, aprender a ser “buscadores de bien”; por último, y no por eso es la menos importante, tener un diálogo con el ser supremo a través de la fuerza de la oración;  no cabe duda que esto nos hará más fuertes y nos ayudará a  sobrellevar las adversidades y sobre todo, a encontrarle significado al sufrimiento. 

Te quiero invitar a que dediques unos minutos para analizar en dónde tienes puesta tu felicidad, qué es lo que te mueve y lo que consideras que te da la alegría.  Es buen momento para recordar estos dos tipos de felicidad y que decidas cuál de ellos está influyendo más en ti. 

Charles Haddon Spurgeon, predicador inglés dijo: “La felicidad no depende de lo que poseemos, sino de lo que disfrutamos”. 

Deseo de todo corazón que voltees a tu alrededor y valores todo lo que tienes, porque cuando admires todas las cosas “simples” pero a la vez importantes de la vida, habrás dado el paso más importante para lograr la felicidad. 

¡Animo!
¡Hasta la próxima!

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