¿Estresados? Menú para bajar un cambio

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La dieta no puede ser un antídoto ni un remedio para el estrés. Pero sí una gran aliada a la hora de combatirlo o aliviar sus efectos. Qué comer y cómo hacerlo para relajarnos un poco. Además: ¿el estrés engorda?

La vida nos asedia con diferentes tipos de presiones que, tarde o temprano, se traducen en síntomas físicos. Sabemos que erradicar el estrés no es fácil ni probable: la buena noticia es que pueden minimizarse sus efectos. Una de las formas que tenamos de hacerlo es a partir de la alimentación. 
Los médicos prefieren no hablar de comida antiestrés, aunque sí identifican los alimentos que, junto con una toma de conciencia, pueden ayudar a que el organismo trabaje más activamente para aliviar (y hasta evitar) la aparición del síndrome.

Si bien una dieta antiestrés deberá modificarse en función de los síntomas, hay que tener en cuenta la correcta alimentación del cerebro. Este órgano, que representa apenas un 3% del peso del cuerpo, es el encargado de consumir casi un 20% de la energía que obtenemos de los alimentos. Y su principal fuente es la glucosa (que obtiene, preferentemente, de los hidratos de carbono). 

Si la cantidad de hidratos de carbono no es sufieciente, el aporte de energía se obtiene a partir de otros elementos como proteínas o grasas. Pero esto no es bueno porque produce alteraciones en el metabolismo corporal. Claro que no hay que agregar hidratos extra “para el cerebro”: solamente hay que saber elegir qué hidratos son más beneficiosos. Los nutrientes que intervienen en la concentración, el estado de ánimo, el rendimiento intelectual y la memoria son: el grupo de las vitaminas B, la vitamina E, oligoelementos (litio,silicio, selenio y cromo, como así también sales de potasio, magnesio y zinc.   

Alimentos que estimulan

Si bien los principios de toda dieta son la variedad y el equilibrio, existen algunos alimentos que colaboran para que nuestro cuerpo pueda enfrentar los síntomas de estrés y minimizarlos. Elegí, preferentemente, alimentos que contengan:

-Vitaminas A, C y E. Combaten la formación de radicales libres. Están presentes en repollitos de Bruselas, espinaca, batata, frambuesa, zanahoria, melones, brócoli, tomates, acelg, ajo y apio; también en el hígado y en la yema del huevo.

-Vitamina B. Este grupo fortalece el sistema nervioso central y tiene efecto miorelajante. Está presente en lácteos, carne, cereales, legumbres y levadura de cerveza.

-Minerales. Potasio, magnesio y calcio. Los minerales estimulan la liberación de hormonas que el cuerpo segrega como respuesta al estrés. Tienen propiedades relajantes y estabilizan el ritmo cardíaco. El potasio se encuentra en frutas, verduras, cereales enteros y carnes rojas. El magnesio está presente en verduras –especialmente no cocidas-, frutos secos, cereales y semillas enteras. El calcio está en lácteos, sardinas, higado y semillas de sésamo. 

¿Cómo hay que comer?

Combatir el estrés implica poner en funcionamiento un montón de herramientas que contribuyan a minimizarlo. Dormir bien, comer sano, hacer ejercicio… Todo redundará en beneficio tuyo. Pero también hay que tener en cuenta cómo y dónde comer para no empeorar la situación. 

-No comas apurado.

-No comas parado.

-No comas leyendo, escribiendo o trabajando.

-No comas manejando.

-Tomate el  tiempo, aunque no sea mucho, de servir la mesa.

-Compartí el momento de la comida con tus seres queridos. 

-Masticá tantas veces como sea posible los alimentos antes de tragarlos.

-Respetá horarios regulares para todas las comidas.

-Jamás tenés que saltear el desayuno.

-Cená dos o tres horas antes de irte a dormir.  

¿El estrés engorda?

El estrés en sí mismo no engorda. Pero la tensión física y mental a la que nos lleva puede desatar una alimentación compulsiva y hacernos, por lo tanto, subir de peso. Las situaciones de estrés mal comprendidas pueden llevarnos a confundir angustia o ansiedad con hambre y dar lugar a comportamientos alimentarios poco sanos. 

Es muy común que aquellas personas que se encuentran sometidas a la presión del estrés abusen de los dulces. El consumo de azúcar estimula la liberación de endorfinas, entre ellas la serotonina, que produce una ligera sensación de bienestar. Este efecto es casi instantáneo, pero dura poco, y tras la disminución del azúcar en la sangre se produce un bajón, que invita a comer nuevamente alimentos dulces. Si cada situación estresante nos lleva a comer “algo dulce”, en poco tiempo estaremos en condiciones de decir que el estrés engorda, aunque la verdadera causa de la suba de peso sea no haber sabido encauzarlo debidamente.    

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