Cómo descubrir el maltrato infantil

Las señales y los síntomas que revelan situaciones de violencia física y psicológica. Claves para detectarlas a tiempo y evitar el sufrimiento de los chicos.

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¿A quién no se le estrujó el corazón al escuchar el audio de los chiquitos llorando, aterrorizados ante las amenazas de sus maestras? ¿A quién no se le heló la sangre al oír la voz ahogada en la angustia de una chiquita cuando le dijeron que su castigo sería el agua? ¿Quién no se indignó cuando un padre de una nena de 2 años, preocupado por el cambio en la conducta de su hija, puso un iPod en su mochila y descubrió las atrosidades que sucedían en el jardín maternal “Tribilín” de San Isidro?

La causa, caratulada como “abandono de persona agravado”, está en etapa de investigación. Pero aunque la Justicia castigue a los responsables, esos chicos serán sometidos a un “tratamiento para trabajar los traumas”, dice Sara Zusman de Arbiser, médica psicoanalista especialista en niños, adolescentes y familia, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA).

 

¡Alerta roja!

Según Zusman, “cuanto más pequeño es el niño, mucho más difícil es reconocer que algo está sucediendo en el jardín”. Por esta razón, es fundamental estar alerta ante cualquier cambio, por más sutil que sea. “Es preciso tener todas las dotes de observación disponibles para detectar un alto estrés en la criatura. Observar su salud física, que no se enferme con frecuencia, que su sistema inmunitario no refleje alguna sobrecarga emocional que denote una falla -detalla Elsa Wolfberg, médica psiquiatra, coordinadora del espacio Bowlby, miembro de APA-. Como gastroenteritis, resfríos, erupciones, y atender las enfermedades infecciosas y respiratorias”.

Muchos padres justifican las enfermedades a repetición porque dicen que los chicos “se apestan” de otros que van al jardín. “Es una parte de la verdad, porque un niño con un buen sistema inmunitario no se apesta ya que los gérmenes están siempre, en la casa, el jardín o a la vuelta de la esquina”, aclara Wolfberg.

Ante el maltrato, ¿reacciona de la misma manera un bebé de 45 días y un chico de 2 ó 3 años? “Todos los niños absorben y hacen síntomas, pero cuanto más pequeño, más síntomas presentan por no tener recursos. Ellos no tienen palabras -explica Zusman-. Y, aunque hablen, en general les cuesta decir lo que les sucede”.

Otros síntomas a los que hay que prestar atención son los trastornos alimentarios, el insomnio, la interrupción del sueño o las pesadillas recurrentes. También puede estar develando un problema el hecho “de que el niño esté ansioso, nervioso o si se sobresalta en forma visible ante algún nuevo estímulo”, dice Wolfberg. Y agrega que “los padres deben tener cuidado de no asignarle al supuesto capricho infantil reacciones de berrinches, que pueden tener dos lecturas: que ante padres que no están muy dispobles, la criatura se desgañite para captar su atención. Pero los berrinches también pueden mostrar niveles de angustia muy intensos, inconsolables”. La diferencia entre un “berrinche normal de otro que anuncia un problema es que el niño no encuentra nada que pueda calmarlo”, alerta Zusman.

La fobia a ciertas cosas que en otra época no existían debe encender el alerta rojo. “Si el chico se resiste a ir al jardín o no quiere bañarse cuando antes disfrutaba del agua, está mostrando una marca traumática -explica Wolfberg-. Esas marcas hacen mella en una edad muy temprana del desarrollo”. Y Zusman agrega otro dato: “Todos los síntomas pueden obedecer a trastornos de la etapa evolutiva del chico. Pero toma relevancia cuando esos síntomas persisten”. Estar atentos previene el sufrimiento de un hijo.

 

Abuso en los mas pequeños

Aunque descubrir el maltrato en una institución es difícil, mucho más complejo es poder detectar cuando el niño está siendo víctima de abuso por parte de los adultos. “Hay cambios de conducta muy llamativos. El niño se retrae y se encierra en sí mismo. Tiene dificultad para jugar con otros chicos -enumera Zusman-. Si son muy pequeños, muchas veces los chicos no reconocen los abusos como tales, sino que hasta lo pueden tomar como una caricia. Es más, un niño de dos o tres años puede llegar a contarlo en la casa porque lo disfruta”.

Según Zusman, es muy importante que los padres le digan a su hijio “que nadie, salvo mamá y papá, puede tocarle el cuerpo. Ni siquera el médico, si ellos no están presentes. A los dos años el niño entiende todo lo que se le dice y es apropiado que sepa que hay gente que puede hacerle mal”. 

La clave está en el buen vínculo del chico con sus padres. “Sin amenazas, castigos, temores ni interrogatorios severos -dice Zusman-. Lo esencial es que el niño confíe en sus papás”.

FUENTE: EM

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