¿Qué es un mandala?

mandala

Hay muchas palabras de origen sánscrito que usamos en nuestro día a día, sin siquiera saber que provienen de la India o, al menos, sin conocer su significado original. A este respecto, un concepto oriental que últimamente se ha hecho muy popular en Occidente es el de ‘mandala’.

Los mandalas pertenecen a la tradición hinduista y, sobre todo, budista y se pueden definir como diagramas geométricos simbólicos que representan a una deidad en particular o, como dice A. Daniélou en Dioses y mitos de la India, “energías básicas del mundo natural”.

La filosofía espiritual de la India explica que el ser humano, con su mente limitada y racional, no puede comprender de manera completa la realidad trascendente, infinita e inmanifestada que llamamos Divinidad. De esta forma, se explica que la utilización de símbolos para vincular lo Divino con lo humano es de gran utilidad para el buscador espiritual.

De esta forma, la representación simbólica de la Divinidad tiene diferentes grados de abstracción, siendo una estatua la más burda, mientras que los mantras o los mandalas, por ser más abstractos, son considerados más sutiles.

En cuanto a la pronunciación de la palabra, si bien la RAE acepta dos acentuaciones, me gustaría decir que la forma correcta, desde el punto de vista sánscrito, es con acentuación esdrújula; es decir, ‘mándala’ y no ‘mandala’.

Etimológicamente hablando, el término proviene de la raíz verbal ma?? que significa ‘adornar, decorar’; y la primera acepción de ma??ala es “circular o redondo”. Asimismo, puede referirse a “un disco; cualquier cosa redonda; un círculo; circunferencia, etc.”.

Es esta acepción genérica, que no es incorrecta, la que se ha esparcido por el mundo occidental, por lo que la palabra mandala sirve para referirse a ‘diseños circulares’ en general. Al punto de que he visto un libro en que el rosetón de vitral de una iglesia católica se considera, también, un mandala.

Si bien al riguroso lingüista que llevo dentro le hace ruido ese uso de la palabra, a mi escondido pero más flexible ser interior (mucho más fiable y luminoso que el lingüista) le gusta la idea de que, gracias a la globalización idiomática, los complejos mandalas del budismo tibetano, que incluyen imágenes del Buda o de deidades, sean puestos a la par de las creaciones religiosas cristianas.

Pues eso sería otro pequeño símbolo, aunque sólo sea lingüístico, de que la unidad universal subyace las aparentes diferencias que genera el ser humano.

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